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Vuelve el fútbol, el deporte rey en nuestro país, el virus que infecta a millones de aficionados, aunque en este caso el virus no replique su propio genoma y su código se diversifique dependiendo de los colores del equipo favorito de cada cual.
 
Vuelve además como válvula de escape en un país que intenta regresar a la normalidad, que nunca es nueva, tras los estragos causados por la Covid-19. Muchos aficionados no podrán volver a vibrar con sus equipos, pero como escribiera Brian May ante el inminente final de Freddie Mercury, the show must go on (el espectáculo debe continuar). Y si queremos adelantarnos a Queen, y además agrandar la válvula de escape, también nos valdría el panem et circensis romano.
 
Veremos cómo se desenvuelve el fútbol con las nuevas normas. Gradas desiertas, cinco cambios… Veremos cómo deciden las televisiones que sigamos los partidos. ¿Cánticos enlatados? ¿Sonido real? Sería interesante escuchar en directo los recaditos de Sergio Ramos, Luis Suárez o Diego Costa a sus compañeros de profesión. Sería interesante también escuchar a los árbitros o entrenadores. Pero las televisiones serán quienes decidan qué nos conviene a los aficionados.
 
Lo que sí es seguro es que volverá la pasión, si no a los estadios, al menos a los bares (qué lugares) y a los domicilios. Hablaremos del penalti a Messi o del fuera de juego de Benzemá antes que del último rebrote de contagiados en un cumpleaños suicida. Ya no será solo la oposición contra el Gobierno. Ya tendremos el Madrid contra el Barsa, contra el Atleti, o el Betis contra el Sevilla.
 
Vuelve, en fin, la pasión futbolera. Esperemos que esa ola de solidaridad que lleva tiempo recorriendo las calles, en forma de aplausos y homenajes, haya llegado para quedarse al menos unos días y que hayamos aprendido la lección.
 
Es el fútbol, la liga de los millones, de las figuras mundiales, pero también es el fútbol modesto, el fútbol base, el fútbol de amigos y hasta de solteros contra casados. Es un deporte. El rey, sí; el número uno, vale. Pero es un deporte, y nunca debería ser tan importante como para olvidarnos de los miles de personas, aficionadas o no, ya no están para verlo. 
 
Dejemos por ahora a un lado los abrazos por los goles, las discusiones a centímetros de la cara adversaria, y disfrutemos del fútbol.
 
Federico J. De Sosa
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